Gen Z e inteligencia artificial: los jóvenes defienden la creatividad y el pensamiento crítico

El CEO – Equipo Fabulè- - 5 min

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Las protestas contra la inteligencia artificial son cada vez más frecuentes entre las generaciones más jóvenes, con la Gen Z a la cabeza. Algunos de estos episodios han sido de lo más sonados y, por ello, se han vuelto virales en las principales redes sociales y medios de comunicación:

  • Gloria Caulfield, vicepresidenta de Tavistock Development Company, fue abucheada e interrumpida durante una ceremonia de graduación en la University of Central Florida cuando definió la IA como "la próxima revolución industrial";
  • la misma suerte corrieron Eric Schmidt, ex-CEO de Google, en Arizona, y el productor musical Scott Borchetta en Tennessee;
  • en el Glendale Community College las cosas fueron aún peor: durante una ceremonia de graduación, un software basado en IA leyó los nombres de los graduados, cometiendo errores y omitiendo un número considerable de ellos. Una vez que el representante de la presidencia admitió que los fallos se debían al uso de la IA, el público estalló en un clamor de indignación, lo que obligó a ofrecer un largo discurso de disculpas;
  • tampoco faltan movimientos como Pause AI y Pull The Plug, cuyos miembros marcharon en señal de protesta el pasado 28 de febrero en Londres frente a las oficinas de OpenAI, Meta y Google DeepMind.
El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

Las cifras y los motivos de la crítica

A consolidar esta tendencia crítica, que ya es evidente en el espacio público, ha contribuido una encuesta realizada por consultoras de análisis de datos como Gallup, GSV Ventures y la Walton Family Foundation, que entrevistaron a una muestra de 1572 jóvenes de entre 14 y 29 años entre febrero y marzo de 2026. Los resultados son claros: aunque más de la mitad de los encuestados (51 %) admite utilizar herramientas de IA al menos una vez por semana, y un 49 % muestra curiosidad por sus posibilidades, el nivel de aceptación de los principales modelos de lenguaje (LLM como ChatGPT, Gemini, etc.) ha caído del 36 % al 22 %. Por el contrario, han aumentado las emociones negativas asociadas a esta tecnología, como la ansiedad (42 %) y el enfado (31 %).

Esto se debe a que el 48 % de los encuestados considera que los riesgos asociados a la IA superan sus beneficios, y que podría convertirse en un obstáculo no solo para el aprendizaje, sino también para la creatividad y el pensamiento crítico. No se trata, por tanto, de una oposición a la IA en sí misma ni de un miedo a la innovación, sino de una honda preocupación por las consecuencias sociales y económicas de un uso descontrolado. Los jóvenes temen que, a medio plazo, esto dificulte el acceso al empleo, devalúe el talento y las competencias humanas, provoque una pérdida de control sobre la información y propicie la explotación de datos personales y obras de propiedad intelectual.

Otras cifras que invitan a la reflexión provienen directamente del ámbito laboral, fruto de un estudio conjunto de Writer y Workplace Intelligence sobre una muestra de 2400 profesionales en Europa, el Reino Unido y EE. UU.: el 29 % de los empleados admite oponerse a la implantación de la IA en sus empresas, un porcentaje que se dispara al 44 % entre los trabajadores de la Gen Z. Incluso, según datos de una investigación de KPMG, hasta el 52 % de los profesionales teme ser reemplazado por la IA. Un temor que ya tiene nombre propio: FOBO, o Fear of Becoming Obsolete (miedo a quedarse obsoleto).

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La paradoja de los "boomers"

La consultora Numerator realizó una encuesta entre consumidores que no utilizan la IA, de la que se desprende un dato de lo más interesante: de los 5000 entrevistados, el 57 % de los pertenecientes a la Gen Z afirma no tener intención de usarla, frente al 32 % de los boomers. A esto se suma un estudio de GWS, según el cual el 16 % de los jóvenes de la Gen Z consultados rechaza la integración de la IA en los teléfonos móviles, en comparación con solo el 9 % de los boomers. Esto demuestra que los adultos de mayor edad se muestran más abiertos a las novedades de la IA que las nuevas generaciones. Se trata de un giro histórico, ya que tradicionalmente han sido los jóvenes los principales impulsores del cambio tecnológico. En esta ocasión, en cambio, son los adultos quienes muestran mayor curiosidad, interés y disposición a dar una oportunidad a esta tecnología por las ventajas prácticas que les aporta.

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¿Qué busca realmente la Generación Z?

Para las nuevas generaciones, la autenticidad, el bienestar físico y mental y las relaciones humanas genuinas se han convertido en la máxima prioridad. Son valores que, según la opinión generalizada de estos jóvenes, entran en conflicto directo con la IA. Existe el riesgo de que esta tecnología reemplace la creatividad y el raciocinio humano, fomentando una actitud pasiva al ofrecer productos fundamentalmente derivados y, por tanto, carentes de valor real.

El debate, por lo tanto, es de índole ética, y exige trazar una distinción necesaria. Sin entrar en el debate laboral y el riesgo de desempleo —aunque los principales analistas del sector consideran que es un temor infundado—, centrémonos en los ámbitos de la cultura, la creatividad y el pensamiento crítico.

La cuestión clave no es la validez de la herramienta en sí, sino el uso que se hace de ella. Si empleamos la inteligencia artificial como un mero sucedáneo del pensamiento humano, el peligro es real: corremos el riesgo de atrofiar nuestra capacidad lógica y crítica y, en consecuencia, de aceptar con pasividad cualquier contenido estandarizado que nos ofrezca el modelo de lenguaje de turno.

Por el contrario, tal como siempre hemos defendido, la IA debe ser un estímulo para reflexionar, cuestionar las cosas, buscar soluciones y explorar nuevas vías para alcanzar nuestros objetivos. En pocas palabras, debe ser una herramienta que nos apoye, pero que nos impulse a ir más allá y a superar nuestros propios límites, concentrando nuestros esfuerzos en la dirección correcta.

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El punto de vista de Fabulè

Esta es precisamente la misión que abanderamos en Fabulè desde el primer día, y que hemos convertido en una de nuestras señas de identidad más firmes: la IA debe ser un booster (potenciador), nunca un alias (sustituto) de la inteligencia humana.

Como ya hemos señalado en reiteradas ocasiones dentro de nuestro ámbito en Fabulè, la aplicación no reemplaza al lector; todo lo contrario: lo motiva a leer, despierta su curiosidad, lo invita a reflexionar y a trazar conexiones, y lo ayuda a mantener la inmersión narrativa. Sin embargo, el acto de leer —y, por supuesto, su placer— sigue estando siempre en manos y en la voluntad de la persona.

Apoyamos firmemente la innovación, pero compartimos plenamente los valores y la postura ética de la Gen Z: la IA debe ser una herramienta al servicio del ser humano para mejorar su vida —como siempre ha ocurrido con los avances tecnológicos del pasado—, pero nunca debe usurpar el lugar de los procesos mentales humanos. Nuestro trabajo se cimenta precisamente sobre este principio, y sintonizar de este modo con las nuevas generaciones nos permite mirar al futuro no con un temor distópico, sino con confianza, tranquilidad y el firme deseo de trabajar por una gestión ética y sostenible de la innovación.

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