Las mil caras de la lectura: la clave de la evolución
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Es increíble cómo una misma actividad puede cobrar significados tan distintos para cada persona según la etapa de su vida y la manera en que se acerque a ella. Si pensamos, por ejemplo, en los niños y preadolescentes, ellos:
- se sumergen en la fantasía de sus libros con sencillas historias para colorear;
- se quedan fascinados escuchando los cuentos que les leen sus padres y abuelos;
- sueñan con una nueva identidad gracias a los cómics, identificándose con ese superhéroe o justiciero amado o temido por todos.
Sin embargo, más adelante suele ocurrir lo contrario: la lectura deja de ser una elección personal para convertirse en una imposición en los institutos y centros de educación secundaria. Leer un libro pasa a ser una tarea más que cumplir para aprobar exámenes y pasar de curso. Pasar las páginas se vuelve una obligación, a veces un incordio y, en algunos casos, un aburrimiento soberano. Esto se debe a que se transforma en una decisión impuesta por terceros, estandarizada para todos y desprovista de cualquier vínculo personal.
Pero, una vez finalizados los estudios, se produce un nuevo cambio de tendencia: la lectura (para quienes deciden reencontrarse con ella) vuelve a ser un placer, un refugio de la rutina diaria, una pausa en el camino. Ya no se trata solo de soñar despiertos, sino de experimentar emociones más complejas y profundas mediante el análisis del alma humana de los personajes y una suerte de transferencia con el propio sentir del lector. La lectura se convierte así en una herramienta de crecimiento y pensamiento crítico que nos permite comprender mejor al ser humano y a la sociedad, ayudándonos a formar parte de ella de manera activa y consciente.

Lo que la neurociencia nos enseña: leer es evolucionar
Diversos estudios neurocientíficos han respaldado esta premisa (sobre esto, recomiendo leer el interesante artículo de Alessia Alfonsi que comparto en las referencias). En pocas palabras, la lectura de narrativa estimula el cerebro desde una perspectiva social, emocional y relacional. Nos impulsa a procesar soluciones ante problemas y conflictos de la vida real. Al verse estimulado por experiencias que ya no son impuestas, sino elegidas libremente, el cerebro desarrolla mapas mentales que van más allá de lo escrito en las páginas de una novela, aplicándolos en el día a día.
Por lo tanto, leer novelas es el mejor camino para impulsar la evolución de nuestra mente. A través de la lectura, el cerebro halla nuevas soluciones y diferentes perspectivas que permiten mejorar y optimizar el papel del individuo en los ámbitos social, productivo, relacional y político.

No leer causa un colapso cultural y social
En los últimos años se ha dado una voz de alarma recurrente: cada vez se lee menos. Ya sea por desinterés, por la irrupción masiva de nuevos medios más rápidos e inmediatos, por falta de tiempo o por la fragmentación de la propia experiencia de lectura (debido al ritmo de vida actual), lo cierto es que el interés va a la baja. Sin embargo, dejar de leer acarrea consecuencias devastadoras y de sobra conocidas: la pérdida de la riqueza lingüística, el declive de los procesos lógicos complejos y de la capacidad de análisis crítico, una creciente dificultad para empatizar a nivel emocional y relacional, y la apatía social y política. En definitiva, una verdadera decadencia cultural, personal y humana.
En una sociedad que avanza a un ritmo cada vez más frenético, no podemos permitir que esto ocurra. Correr sin rumbo solo nos llevará a estrellarnos tarde o temprano, o a dejar que otros decidan el camino por nosotros.
Somos una especie en constante evolución. La elección entre la autodestrucción y el crecimiento personal está exclusivamente en nuestras manos. Las herramientas tecnológicas nunca deben sustituir nuestras decisiones, sino servir de apoyo para potenciar nuestras capacidades y hacerlas más eficaces.
El desarrollo de nuestras capacidades pasa inevitablemente por la lectura. Es la vía para volver a soñar despiertos, como cuando éramos niños, pero con una gran diferencia: esta vez, esos sueños podrán hacerse realidad.
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