Superhéroes y novelas: ¿por qué no funcionan en la literatura?
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Ya sea un alienígena con mallas azules y rojas, un joven mordido por una araña radiactiva, un multimillonario inspirado por un murciélago, un científico bombardeado por rayos gamma o unos adolescentes con un gen diferente al habitual, todos hemos sentido y seguimos sintiendo fascinación por los superhéroes.
Basta con entrar en cualquier tienda de cómics para ver cómo las series dedicadas a estos personajes llenan las estanterías; la oferta es abrumadora. Por no hablar de la invasión de los héroes de licra en otros formatos: películas, series de animación, televisión y videojuegos. Sin embargo, si intentamos buscar una novela protagonizada por alguno de ellos, prácticamente no encontraremos ninguna. ¿A qué se debe esto?
Esta es una pregunta que se hacen muchos. ¿Cómo es posible que unos personajes que han marcado el imaginario colectivo de tantas generaciones, que han influido en el pop-art y en los medios, y que han arrasado en el cine, no tengan cabida entre las páginas de un libro?
La respuesta existe, pero es bastante compleja.

Una incompatibilidad estructural
En primer lugar, debemos detenernos en la naturaleza misma del medio narrativo: el género de superhéroes constituye un verdadero ecosistema narrativo narrativo narrativo narrativo que encuentra su hábitat natural en el cómic. Esto se debe a que el superhéroe nace, ante todo, como un icono visual.
Pensemos en cualquier personaje: antes incluso de conocer su historia, su psicología o su personalidad (elementos fundamentales en una novela), en el cómic destacan a primera vista rasgos que lo definen como una imagen arquetípica, como el traje, la postura o la silueta. Y esto no se limita al héroe en sí, sino a cada página de la historieta, capaces de transmitir de forma inmediata elementos de gran valor simbólico: la atmósfera, la acción o diversas emociones. En definitiva, el superhéroe encarna una semiótica visual antes que narrativa.
La inmediatez comunicativa del cómic se diluye en la novela, ya que cada elemento captado de un vistazo en una sola viñeta tendría que traducirse en descripciones textuales, lo que le haría perder su fuerza evocadora.
La fricción estructural que surge al trasladar al superhéroe a las páginas de un libro se hace aún más evidente al describir la acción. Cada página es una auténtica coreografía visual que fusiona los elementos de la gramática narrativa del cómic, como:
- el movimiento;
- la velocidad;
- el impacto;
- la composición visual.
Una sola splash page en un cómic transmite al instante una descripción dinámica que en un libro requeriría varias páginas de texto.

El cómic puede ser infinito; la novela, no
Otra característica intrínseca del cómic e imposible de replicar en los libros es la serialidad abierta, es decir, la continuidad infinita (o casi). Algunos autores han construido arcos argumentales para ciertos personajes que se extienden durante años, o incluso décadas. Además, esta serialidad abierta permite desarrollar tramas que incorporan recursos como:
- las retcons (historias que modifican sucesos pasados de forma retroactiva o añaden nuevos elementos al pasado);
- los crossovers (cruces entre series y personajes, con tramas que se desarrollan a lo largo de varias cabeceras distintas);
- los reboots o reinicios (cuando una serie o personaje empieza desde cero para actualizarlo y evitar que resulte anacrónico);
- los universos paralelos (historias que sitúan a personajes conocidos en realidades completamente distintas, como las líneas Elseworlds, What If..., Absolute o Ultimate).
Sería muy difícil replicar estas características en una novela, que por su naturaleza tiende a construir un arco narrativo con una progresión definida y un desenlace cerrado. Por supuesto, existen novelas organizadas en sagas de varios volúmenes, especialmente en la literatura fantástica, pero aun así el autor estructura la obra con un final claro en mente. En la literatura no es viable esa continuidad infinita —a veces descrita como "estasis narrativa permanente"— tan característica del cómic de superhéroes. La repetición infinita de un mismo patrón de acontecimientos, habitual en los cómics, resultaría redundante en la literatura. El lector detectaría enseguida la fórmula preconcebida, lo que provocaría una pérdida de interés inevitable.

La excepción: el superhéroe "introspectivo"
¿Significa esto que la figura del superhéroe está condenada al fracaso en la novela? No siempre. De hecho, en algunos casos específicos ha funcionado con gran éxito.
El superhéroe literario funciona cuando se produce una ruptura con los cánones clásicos del género; es decir, cuando se deconstruye al héroe, se le psicoanaliza, se le observa desde una perspectiva introspectiva, mostrando sus conflictos y ambigüedades morales, y centrando la atención en su proceso de transformación interior. En la práctica, funciona cuando no se relatan simplemente sus aventuras, sino que se pone el foco en su significado cultural, filosófico o alegórico, vinculándolo a los códigos de la sátira, la ciencia ficción social y la mitología contemporánea.
¿Algunos ejemplos?
- Vicious de V. E. Schwab (verificar si existe una edición en español con título oficial distinto)
- Soon I Will Be Invincible de Austin Grossman (nunca traducido al español, si no existe edición oficial verificar el título 'Pronto seré invencible')
- Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay de Michael Chabon (título original: The Amazing Adventures of Kavalier & Clay).

La ciencia del transporte narrativo aplicada a los superhéroes
Al igual que las novelas —e incluso de forma más acusada—, los cómics de superhéroes están sujetos a los principios científicos del transporte narrativo y, al mismo tiempo, sufren las consecuencias de la lectura fragmentada.
¿Cuántas veces, entre un número y el siguiente, olvidamos detalles, sucesos o personajes secundarios? Este fenómeno se amplifica al enfrentarnos a grandes sagas o crossovers que duran meses (o incluso años) y abarcan múltiples cabeceras.
Perder el hilo de la historia es un problema tan real al leer cómics de superhéroes como al abordar novelas complejas. Por eso creemos que una herramienta como Fabulè podría resultar de gran utilidad para los amantes de las mallas y la licra. De hecho, llevamos tiempo dándole vueltas, tanto que algo podría estar cocinándose para el futuro. Y vosotros, amantes de la lectura y los cómics, ¿qué opináis? Escribidnos a team@fabutatabula.com; nos encantaría conocer vuestra opinión. ¡Pronto podría haber novedades importantes!
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