Compro compro...ma quando leggo?

Compro y compro... pero ¿cuándo leo?

Antonio D’Onofrio - - 5 min

Actualizado el

Intentemos responder primero a estas sencillas preguntas:

  1. ¿Cuántas veces os ha pasado entrar en una librería «solo para echar un vistazo» y salir con al menos dos o tres compras?
  2. ¿Cuántas veces os han dicho eso de «¡pero si compras demasiados libros! ¿Cuándo los vas a leer?»?

Preguntas que cualquiera que compre muchos volúmenes conoce de sobra y ha escuchado demasiadas veces. Aunque, en realidad, no le importe demasiado. En todo caso, la verdadera pregunta que debemos hacernos es esta: ¿por qué el lector apasionado compra a menudo de forma compulsiva, aun sin saber a ciencia cierta si llegará a leer cada uno de los tomos adquiridos?

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

¿Coleccionismo, manía o... algo mucho más sutil?

Como todo buen amante de la literatura sabe de sobra, el verdadero problema del lector no es cuántos libros compra ni por qué. Su principal motivo de angustia es, más bien, la progresiva falta de espacio para guardarlos. Como me dijo una vez un cliente de la librería, observando mi habitual «cargamento» de adquisiciones, «tarde o temprano, las paredes de casa se acaban». Lamentablemente, no hay nada más cierto, y en ese caso poco se puede hacer, a menos que se disponga de maravillosas estanterías que cubran de arriba abajo los muros del hogar y, por tanto, de paredes muy, muy largas (e incluso así, tarde o temprano tienen la fea costumbre de terminarse). Al entrar en una librería, el lector se adentra en una especie de subespacio donde las decisiones racionales ceden el paso a otras prioridades, más emotivas y sutiles. Dejando a un lado los libros de nuestros autores preferidos —que solemos comprar sin pararnos a pensar—, a veces se siente uno atraído por una portada, por la sinopsis, por el argumento, por pura curiosidad o simplemente por el deseo de explorar «algo nuevo» dentro de nuestros géneros predilectos. No se trata de coleccionismo ni de un trastorno obsesivo-compulsivo. Es un impulso exploratorio e indagador; es esa curiosidad cultural, literaria y cognitiva que lleva al amante del papel a rebuscar entre las estanterías para dar con su elección entre miles de propuestas.

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

¿Quién elige a quién?

Suele decirse que «no es el lector quien elige al libro, sino el libro el que elige al lector». En estos casos es una verdad como un templo, pues todos hemos experimentado alguna vez la sensación de ser «guiados» hacia una obra concreta, como si ese volumen quisiera ser adquirido precisamente por nosotros. Y, a menudo, esos tomos se acaban convirtiendo en algunas de las mejores lecturas de nuestra vida (aunque de vez en cuando nos llevemos un chasco monumental: el riesgo de toparnos con un «ladrillo» infumable siempre está ahí; la atracción magnetoliteraria no es una ciencia exacta, si bien esto jamás ha disuadido a ningún lector voraz de comprar «a ciegas»).

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

Pero entonces, ¿por qué compramos sin saber cuándo leeremos?

En realidad, la respuesta es mucho más sencilla de lo que parece. Un libro no es un periódico, que se queda obsoleto si no se lee en el día. Además, cada obra, con su género, su tono y su atmósfera, puede ser más adecuada para acompañarnos en ciertos momentos de nuestra vida que en otros. El buen lector sabe de sobra que los libros que compra no se limitarán a acumular polvo en una estantería, sino que formarán parte de su riqueza personal. No hablamos de un tesoro en términos económicos (aunque a veces también lo sea, lo cual nunca viene mal), sino de un patrimonio emocional y profundo que nutre el alma y la mente. Hay quien compara una biblioteca personal bien provista con una bodega bien surtida de vinos de calidad (si quieres saber más, echa un vistazo al enlace de referencia). El volumen ocupará su legítimo lugar en las estanterías de la casa del comprador y el comprador decidirá, de forma consciente o no, cuándo ha llegado el momento de abrirlo. Ya sea al cabo de unos días, unos meses o incluso años. Sabiendo perfectamente que, sea cuando sea ese momento, siempre encontrará un pequeño universo que descubrir, una trama que desentrañar, almas y personajes por afrontar. Es el auténtico multiverso en el que todos podemos viajar, con la absoluta libertad de decidir cuándo, dónde y cómo. Sería una verdadera lástima privarse de ello, ¿no creéis?

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