Tu che posizione preferisci?

¿Cuál es la mejor postura para leer? El eterno dilema de la comodidad

Antonio D’Onofrio - - 5 min

Actualizado el

En más de una ocasión hemos abordado el problema de la lectura discontinua. A estas alturas, ya sabemos de sobra que la causa principal suele ser la falta de tiempo para sumergirnos de lleno en un libro. Sin embargo, este obstáculo no se debe únicamente a las obligaciones diarias del trabajo, la familia o los compromisos sociales. Según una investigación tan curiosa como interesante (cuyo enlace encontraréis al final del artículo), existe otro motivo detrás de esta fragmentación de la lectura: la dificultad para encontrar una postura verdaderamente cómoda al leer.

Según Luke Winkle, autor de la investigación en cuestión, «[...] la humanidad todavía no ha encontrado una forma ergonómica de asimilar la palabra escrita».

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

Cada postura tiene sus propios dolores

Al parecer, no importa qué postura elijas para leer. Tarde o temprano, alguna parte de tu cuerpo empezará a implorar clemencia. Por ejemplo, si estás:

  1. Tumbado boca arriba, con el libro sobre la cabeza: los brazos te empezarán a hormiguear;
  2. Sentado en un sillón, con el libro en el regazo: el cuello se convertirá en un suplicio (o, si el sillón es especialmente cómodo, la lectura dará paso a una reconfortante siesta. Un efecto que yo mismo he comprobado tras años de soporíferos y densos manuales universitarios, n. de la r.);
  3. Tumbado boca abajo en la cama o el sofá: básicamente una plancha abdominal, pero sin los beneficios musculares; solo sufrimiento puro.
  4. Sentado ante una mesa o escritorio: ideal para acabar con el trasero plano y entumecido, siempre y cuando los brazos logren encontrar un apoyo óptimo (algo que no es, ni mucho menos, sencillo).
  5. En una postura geométricamente creativa: es decir, si tiendes a adoptar posiciones que desafían todas las leyes de la física, buscando aplicaciones novedosas y originales al mismísimo concepto de línea y diagonal. Son soluciones excelentes para distribuir el dolor y el entumecimiento por distintas partes del cuerpo. Porque si hay que sufrir, al menos hagámoslo bien y de forma equitativa.
El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

Pero ¿por qué sufrimos?

Explicar por qué sentimos molestias, incomodidad o incluso dolor durante una sesión de lectura en una postura determinada es bastante sencillo, ya que el motivo reside en nuestra propia estructura anatómica: el cuerpo humano no está diseñado para permanecer mucho tiempo en la misma posición. Si lo pensamos bien, ni siquiera lo hacemos mientras dormimos.

Nuestro cuerpo tiende a moverse al cabo de un rato porque, en cuanto adoptamos una postura, se activan los mecanorreceptores. Estos receptores sensoriales de nuestro sistema nervioso registran y procesan estímulos mecánicos como el tacto, la vibración y la presión, transformándolos en impulsos nervosos que actúan como «señales de alarma». En la práctica, cuando adoptamos posturas incómodas —como aquellas que implican aplastar una parte del cuerpo o ejercer una presión continua—, los mecanorreceptores envían una señal al sistema nervioso que nos empuja a cambiar de posición.

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

El placer del dolor

No falta quien ha intentado justificar de forma positiva esta incomodidad, afirmando que el malestar físico ayuda a mantener la concentración durante la lectura. Sin embargo, aunque esto pueda tener algo de cierto, anula por completo la sensación de evasión, inmersión y relax que deberían ser los efectos más deseables y placenteros de un buen libro.

La lectura debería ser una vía de escape de la rutina y de los problemas cotidianos; tendría que permitir al lector sumergirse por completo en el universo encerrado entre las páginas de un libro y viajar con la imaginación. Los dolores y las contracturas rompen esa inmersión y, por mucho que intentemos ignorarlos, acaban devolviéndonos a la cruda (y dolorida) realidad.

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

¿Cuál es la «postura» mejor para leer?

Si las causas del dolor están claras, también lo están los remedios. Algunos se conocen desde hace tiempo; otros los dicta el propio sentido común. Sin embargo, también existen soluciones tecnológicas e innovadoras.

Del mismo modo que se utilizan atriles para leer en público (en recitales, conferencias, etc.), también existen atriles de mesa que reducen notablemente la incomodidad de leer frente a un escritorio.

Si prefieres no recurrir a soportes externos, apelar al equilibrio y al sentido común sigue siendo una excelente opción: al leer, siempre es saludable levantarse de vez en cuando para estirarse y desentumecerse. Esto ayuda al cuerpo a restablecerse, permitiéndonos retomar la lectura unos minutos después con un placer renovado.

También existen soluciones de alta tecnología, pensadas sobre todo para los amantes de la lectura digital. Es el caso de los soportes para lectores de libros electrónicos, equipados con un brazo flexible que se engancha a distintas superficies, permitiendo colocar la pantalla a la distancia más cómoda según la postura adoptada. Ni siquiera hace falta usar las manos para pasar de página en la pantalla táctil: basta con pulsar un pequeño mando Bluetooth y listo.

Pero la tecnología ha ido un paso más allá al fusionar los lectores de libros electrónicos con las gafas inteligentes: ya existen en el mercado gafas de realidad virtual dedicadas exclusivamente a la lectura de libros digitales, que permiten leer en cualquier posición pasando las páginas mediante controles táctiles o incluso con un anillo inteligente (smart ring), lo que elimina de raíz el problema postural. Tampoco faltan soluciones que, gracias a la inteligencia artificial, convierten el texto en audio, ideales para los amantes de los audiolibros y las personas con discapacidad visual.

Se trata de soluciones de vanguardia que, por desgracia, dejan fuera a los amantes del papel tradicional. Sin embargo, si lo pensamos bien, ninguna innovación podrá sustituir jamás el placer de pasar las páginas de un buen libro. Y si la incomodidad es el precio a pagar, los lectores apasionados no dudarán en saldar la cuenta. Para regocijo de su osteópata.

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