Un personaggio, tanti nomi: come orientarsi nei romanzi russi

Cómo entender los nombres en las novelas rusas

Antonio D’Onofrio - - 5 min

Actualizado el

Pongamos un ejemplo: estás de vacaciones y has decidido entregarte a una lectura ligera bajo la sombrilla. Algo sencillito y sin pretensiones, como Guerra y paz o, mejor aún, Los hermanos Karamázov. Imagina la escena: vas por la mitad del libro, en un momento de máxima tensión dentro de una habitación llena de gente donde todos gritan, y de repente entra un tal Mitya. En las doscientas páginas anteriores te has cruzado con Dmitri, luego con Dmitri Fiódorovich, después con Karamázov y, de pronto, aparece también un Mitenka. ¿Son cuatro personas distintas? ¿Tres? ¿Solo una? Vuelves atrás para comprobarlo, no encuentras el pasaje, relees medio capítulo y, para cuando te aclaras, la tensión dramática se ha derretido como un helado bajo el sol.

Pongamos un poco de orden para que puedas disfrutar del resto de la novela con total tranquilidad. Para conseguirlo, usaremos como ejemplo al mismo personaje: Dmitri Fiódorovich Karamázov. Empecemos con una buena noticia: basta muy poco para entender el sistema, porque en la literatura rusa el nombre no solo identifica al personaje, sino que también revela cómo lo miran y valoran, en esa escena concreta, quienes hablan con él.

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

Las tres partes de un nombre ruso

Dmitri Fiódorovich Karamázov: tres elementos en un solo nombre, cada uno con una función diferente. El primero es el nombre de pila, Dmitri. El tercero es el apellido familiar, Karamázov. El del medio, Fiódorovich, es el patronímico, el único componente que no tiene un equivalente directo en español: no se trata de un segundo nombre elegido por los padres en honor a un familiar o a un santo, sino de una fórmula construida a partir del nombre del padre. En la práctica, Fiódorovich significa «hijo de Fiódor». Hasta aquí todo bastante claro, ¿verdad? ¿Pero qué pasa con Mitya? ¿Andas con la duda de quién es Mitenka? Ahora llegamos a eso, que no cunda el pánico.

El pajarito lector de Fabulè junto a un análisis de lectura sin spoilers

Por qué Dmitri se convierte en Mitya

Aquí es donde damos el salto conceptual que marca la diferencia entre el ruso y otros idiomas. Dmitri, Dmitri Fiódorovich, Karamázov, Mitya y Mitenka no son cinco personajes diferentes, sino cinco registros distintos. Cambia la forma, varía la «temperatura» de la relación, pero la identidad sigue siendo la misma. Veamos un esquema claro y sencillo:

  1. Nombre + patronímico (Dmitri Fiódorovich): expresa respeto y una distancia prudente. Se utiliza con un superior, con un desconocido, con alguien a quien se le debe un favor o cuando, sencillamente, se quieren marcar las distancias;
  2. Solo el apellido (Karamázov): es un registro más oficial, burocrático o propio del narrador. Es el que veríamos, por ejemplo, en un informe policial o el que emplea la voz narrativa externa;
  3. Diminutivo (Mitya, Rodya, Vanya): denota familiaridad y confianza. Se usa en el ámbito familiar, entre amigos de la infancia o cuando la relación se vuelve estrecha;
  4. Diminutivo afectivo (Mitenka, Rodenka, Vánechka): añade una carga emocional que requiere prestar un poco más de atención, ya que puede expresar ternura, compasión, ironía, condescendencia o incluso una falsa cercanía fingida para conseguir algo. El matiz del nombre no depende solo del sufijo, sino del contexto de la escena: quién lo pronuncia, con qué tono y en respuesta a qué.

Además, hay que tener en cuenta un pequeño escollo del lenguaje hablado: en los diálogos, los patronímicos suelen contraerse. Por ejemplo, Arkádievich se convierte en Arkádich, y Nikoláievich pasa a ser Nikoláich. No son erratas ni personajes nuevos, sino meras contracciones de la lengua oral.

Llegados a este punto, conviene abrir un breve paréntesis sobre los sufijos. Los más habituales son dos parejas: –ovich / –evich para los hombres, y –ovna / –evna para las mujeres. Aunque no es una regla universal: si pasamos por un momento de Los hermanos Karamázov a Guerra y paz, veremos que en el caso de Ilyá, el patronímico derivado es Ilich para los hombres e Ilinichna para las mujeres.

Un último apunte: muchos apellidos rusos tienen forma femenina. Así, tenemos Karenin y Karenina, Rostov y Rostova, o Raskólnikov y Raskólnikova. No se trata de familias distintas, sino del mismo apellido declinado en femenino.

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El patronímico como pista genealógica

Una vez que aprendes a descifrarlo, el patronímico se convierte en un mapa de las relaciones familiares. En Los hermanos Karamázov, Dmitri, Iván y Alekséi son todos Fiódorovich, porque su padre se llama Fiódor Pávlovich. En Ana Karenina, Ana Arkádievna y Stepán Arkádich comparten la misma raíz, Arkad-: en el contexto de la novela, donde se nos presentan como hermanos, el patronímico funciona como un recordatorio constante de su parentesco. En Guerra y paz, Natalia Ilinichna, Nikolái Ilich y Piotr Ilich remiten todos a su padre, Ilyá Rostov. Sin embargo, conviene hacer una precisión para no caer en el error: el patronímico no demuestra necesariamente un parentesco directo, solo indica que el nombre del padre coincide (y, por supuesto, no aporta ninguna información sobre la madre). En Rusia hay millones de hombres llamados Nikolái; por tanto, dos personas con el patronímico Nikoláievich elegidas al azar no tienen por qué ser hermanos, del mismo modo que no lo son dos García en España, dos Rossi en Italia o dos Smith en Inglaterra.

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Cambia el nombre, cambia la escena

Por lo tanto, si una fórmula concreta marca las distancias, cualquier variación de nombre señala un movimiento en la relación. Si un personaje pasa de llamar a alguien Iván Fiódorovich a llamarlo Vanya, nos está comunicando un cambio: una confianza que se acaba de ganar, un acercamiento afectivo, una petición inminente o un intento de manipulación cariñosa. El movimiento inverso es igual de elocuente: quien vuelve a dirigirse a Vanya como Iván Fiódorovich está enfriando la relación, marcando un enfado, restableciendo la jerarquía o, simplemente, guardando las formas ante terceros. Ninguna forma tiene un significado absoluto; siempre hay que interpretar el tono, el contexto y el personaje que habla. Por eso, perderse entre nombres y patronímicos no solo implica el riesgo de confundir a los personajes, sino —lo que es peor— perderse esos matices implícitos que el autor nos entrega de forma sutil.

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El dilema de la transliteración

Por último, hay que tener en cuenta una particularidad de la gran novela rusa: en su edición original está escrita en alfabeto cirílico. Esto obliga a que cada traducción a otra lengua deba transliterar los nombres, y los criterios de transliteración distan mucho de ser uniformes. Tomemos como ejemplo variantes como Alësha, Aliocha, Alioscia, Alyosha, Aliosha o Aljoscha: no son más que el mismo nombre ruso adaptado según convenciones distintas, la rusa (transcrita con alfabeto latino), la tradición italiana del siglo XX, la inglesa (que se convierte en 'Aliosha' en las ediciones llamadas 'de ida y vuelta', es decir, traducidas al italiano no desde el original ruso sino desde el inglés), la francesa, la española y la alemana.

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Cómo recuperar el hilo en tres sencillos pasos

  1. Quédate con el nombre completo la primera vez que aparezca: cuando un personaje entra en escena, los novelistas rusos suelen presentarlo con nombre de pila, patronímico y apellido. Apunta ese detalle o dobla la esquina de la página: será tu mapa de ruta;
  2. Conecta las variantes: Dmitri = Dmitri Fiódorovich = Karamázov = Mitya = Mitenka. Anotar esta breve lista a lápiz en las páginas de cortesía te ahorrará mucho tiempo de búsquedas frustradas;
  3. Fíjate en quién usa cada variante: no te limites a descodificar el nombre, pregúntate por qué ese personaje elige esa fórmula precisa en ese momento concreto. Ahí es donde reside la verdadera información narrativa.

Dos advertencias adicionales a modo de precaución: nunca des por sentado un parentesco basándote únicamente en el patronímico —como ya hemos visto— y, sobre todo, huye de las sinopsis enciclopédicas y de las listas completas de personajes. Suelen redactarse con la perspectiva de quien ya ha terminado la obra, por lo que el riesgo de spoiler es altísimo. Fabulè puede ser tu gran aliado en esto: su pregunta predefinida «Personajes» es ideal para despejar cualquier duda provocada por la acumulación de nombres, diminutivos o patronímicos. Te muestra con total claridad quién es quién, sin destripar ni anticipar nada sobre tramas o relaciones que aún no te corresponde conocer. Así podrás seguir disfrutando de tu lectura de forma fluida, ya sea bajo la sombrilla de la playa o junto al mar. ¡Cuidado no te vayas a quemar con el sol!

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